La Sociedad del Verbo Divino fue fundada por San Arnoldo Janssen el 8 de septiembre de 1875 en Steyl, un pequeño pueblo de Holanda, a poca distancia de la frontera alemana.

“El amor y la gracia de Dios nos han reunido de diversas naciones y continentes en una Congregación religiosa y misionera, consagrada al Verbo Divino y distinguida con su nombre”. (Prólogo de las Constituciones SVD)

La mañana del 8 de septiembre de 1875, fiesta de la Natividad de María, se inauguró la Casa Misional de Steyl. Con este fin se había adecuado una antigua y pequeña posada, pero con amplio terreno para posibles ampliaciones en el caso de que prosperase la iniciativa. En la larga homilía de la Misa, Arnoldo Janssen se expresó con humilde sinceridad: “Si de este comienzo va a resultar algo bueno, sólo Dios lo sabe. No nos debe desanimar la pequeñez del paso inicial. También el árbol más imponente fue al principio una semilla, y el gigante más fornido, una débil criatura. Que Dios haga de nosotros lo que Él quiera. Si de esta casa resulta algo positivo, se lo agradeceremos al favor de Dios; y si todo fracasa, nos golpearemos humildemente el pecho confesando que no fuimos hallados dignos de la gracia de Dios”.

¿Cuál era la finalidad de la Casa Misional? En marzo de 1874 Arnoldo había escrito al arzobispo de Colonia: “Por lo tanto, la finalidad de la casa sería formar misionera para los países de misión, equiparlos y enviarlos y, en general, desarrollar actividades apropiadas para que el espíritu apostólico y el interés por la extensión del Reino de Dios en la tierra aumente en nuestra patria cada vez más…” Arnoldo, una vez convencido de que el Señor le llamaba a llevar a cabo personalmente esta arriesgada iniciativa, se entregó por entero a su realización. Muchos de sus contemporáneos pensaban que el momento no era el oportuno y que él no era la persona indicada, pero puso toda su confianza en Dios que le llamaba a esta misión.

El objetivo último de nuestra misión es hoy el mismo que ha sido desde los tiempos de nuestro fundador: “proclamar el Reinado del Amor de Dios” como destino común de toda la humanidad y como horizonte hacia el cual peregrinamos. La misión nace del amoroso diálogo interno del Dios Uno y Trino, un diálogo de amor y reconciliación con toda la humanidad. Somos llamados por el Padre, enviados por el Verbo y guiados por el Espíritu.

Damos testimonio del Reino en un mundo profundamente dividido por razón de creencias, clases sociales, culturas y religiones. Así, salimos al encuentro de los demás en diálogo profético, buscando sobrepasar las divisiones que nos separan unos de otros y de Dios. Nuestra misión de diálogo profético está al servicio de la comunión y se orienta a la manifestación final del Reinado de Dios.

Entendemos el diálogo como una actitud de solidaridad, respeto y amor que debe permear todas nuestras actividades. En solidaridad salimos al encuentro de los demás para compartir con ellos nuestras vidas en su situación concreta. Con respeto apreciamos la unicidad y la dignidad de cada persona y de toda comunidad humana. Y sobre todo, el amor nos une a pesar de nuestras debilidades.

En diálogo profético nos comprometemos especialmente con gente en búsqueda de la fe, con los pobres y marginados, y con los que pertenecen a culturas diferentes y a diversas religiones e ideologías.

 

La Espiritualidad de nuestra congregación del Verbo Divino se caracteriza por dos cosas: Creemos en la Trinidad, y significa que somos diversos, de distintos pueblos y culturas, y queremos vivir unidos. Formamos muchos rostros y un solo corazón. Creemos en la Palabra hecha carne: queremos caminar por donde Jesús caminó, apasionados por los necesitados. Es nuestra misión: que otros conozcan a Dios y tengan experiencia del encuentro con El. Y nuestra espiritualidad es misionera, busca la vida de Dios para otros.
También hablamos del carisma de la congregación. Con ello nos referimos a los rasgos de nuestro estilo de vida. Aquello que nos caracteriza la vida y trabajo. El seguidor de la Palabra encarnada en Jesús es aquél que prolonga su misión. Para ello los Misioneros del Verbo Divino tenemos un proyecto misionero. Es nuestro carisma, lo propio y específico que nos caracteriza al lado de otras Congregaciones en la Iglesia: Lo primero, el objetivo de la misión: construir el Reino de Dios, el estilo de vida de Dios, la unión de los seres humanos en el corazón de Dios. La SVD acentúa la diversidad y la universalidad. Dios nos quiere a todos, y nos ha hecho diferentes, diversos, para que vivamos unidos.